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Estamos mejor, porque no hay pobreza

ICONO-MARZO-(1)-0052Quiero recordar hoy una frase que oía de pequeño y que contenía dos errores de bulto, pero una intuición clara, que es sobre la que voy a centrarme: “En Europa están mejor que nosotros, porque no hay pobres”. El primer error de bulto era hablar de Europa como si nosotros no fuésemos parte también del continente. Parecía que Europa era algo que comenzaba al norte de los Pirineos y nosotros lo asumíamos sin problemas. El segundo error era afirmar que no existían pobres en el resto de países europeos. Claro que existían, aunque tal vez hubiese menos que en España.
Sin embargo, la afirmación contenía una intuición clave para entender el progreso económico de las naciones. El aserto no decía que estuviesen mejor, porque tuviesen una renta per cápita más elevada o, expresado de una manera más sencilla, porque fuesen más ricos, sino porque no había pobres. El foco no estaba en lo que tenía la media de los componentes de la sociedad, sino en lo que pasaba con los más desfavorecidos, con los pobres.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

Una de las instituciones de la ONU, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, abordó este tema hace unos años. Para hacerlo, diferenció entre lo que definía como el “enfoque agregado” del desarrollo y el “enfoque de la privación”. Esta nomenclatura técnica sobre el desarrollo de las naciones esconde la idea que he indicado al principio. El enfoque agregado dice que una sociedad se desarrolla, desde el punto de vista económico, cuando mejora la media de sus habitantes. Afinando un poco, este desarrollo se da cuando la renta per cápita, es decir, la producción anual de un país dividida entre todos sus habitantes, mejora. Una medida agregada, como es la media de lo que nos corresponde a cada uno, es el indicador que muestra si nos va bien o no. Por el contrario, el enfoque de la privación no se fija en las medias, en los datos agregados, sino en lo que le sucede a los más desfavorecidos, ya que, afirma, una nación tiene un desarrollo económico en la medida que mejoran quienes están peor.

El enfoque agregado

Creo que cualquiera puede darse cuenta de que el enfoque que predomina en nuestras sociedades es, precisamente, el agregado. Siempre nos basamos en las medias o los datos agregados, no solo en el crecimiento, sino en otros indicadores económicos: el crecimiento de la renta per cápita, el descenso de la tasa de paro, el incremento o descenso de los precios, la mejora de la balanza de pagos, etc.

Siendo el agregado un indicador que sirve de aproximación a la evolución del fenómeno, al ser la suma o la media de todos, deja fuera mucha información que puede ser significativa para muchos. Tenemos más entre todos, pero ¿esto es porque los que tienen, tienen más o porque los que no tienen, han pasado a tener? La tasa de paro desciende, pero ¿esto es porque se crea empleo o porque hay personas que ya no buscan trabajo? ¿Han encontrado trabajo quienes más lo necesitan o las personas que están en una situación mejor? Podríamos hacernos otras muchas preguntas que los indicadores agregados no nos responden.

El enfoque de la privación

Por ello, el enfoque de la privación cambia la mirada y se centra en los más desfavorecidos. Porque ¿para qué queremos que crezca la renta per cápita, si solamente se ven beneficiados por este incremento aquellos que ya están bien? ¿Para qué queremos que se reduzca el desempleo, si se da porque hay personas que ya no lo buscan o si las personas que más lo necesitan siguen sin encontrar empleo? .

El enfoque de la privación no se centra en la suma de las cifras totales o en la media, sino que observa directamente a quienes peor están. Solo mejoramos si hay menos personas que están en situación de pobreza, si no es así, da igual que haya crecimiento, seguimos mal… ¿Hay menos familias en las que nadie trabaja? ¿Encuentran trabajo los jóvenes y los parados de larga duración? ¿Los trabajos que se crean son dignos y permiten salir de la pobreza a quienes los consiguen? Si no es así, la cifra total de desempleados o la tasa de paro pierden importancia. Lo fundamental aquí no es la cifra agregada, sino que mejoren quienes peor están.

El enfoque de la privación y el bien común

El enfoque de la privación, que acabamos de describir, es el adecuado cuando la economía se quiere poner al servicio del bien común y no del bien total. Se cambia el foco desde el que más aporta al agregado, al más desfavorecido en cada
sociedad. Este enfoque molesta y tiene detractores entre quienes mejor están. Estos se sienten mal, cuando dejan de ser ellos a quien la sociedad prioriza, cuando ven que los esfuerzos se enfocan en quienes peor están. La parábola del hijo pródigo es representativa de esta concepción. El Padre se alegra por el hijo que recupera, el más desfavorecido es el importante, porque ha vuelto, pero el otro hermano se siente triste: porque él ha hecho más méritos, porque él se merece más, porque él ha aportado más…

Considero que cambiar el enfoque agregado por el enfoque de la privación es una opción evangélica, pero una opción difícil, porque tiene muchas resistencias de aquellos que están bien y que tienen asumida la filosofía del mérito, con la que este enfoque de la privación rompe totalmente.

¿Para qué queremos que crezca la renta per cápita, si solamente se ven beneficiados por este incremento aquellos que ya están bien?

Enrique Lluch – Prof. Economía CEU Card. Herrera

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